Ventana al mar

Los libros como defensa

Por Enrique Córdoba

Esa es gente que esta metida en negocios de droga –me dijo el taxista– es la guerra de los carteles de Los Zetas y Sinaloa. Salíamos de mi hotel en la Avenida Mariano Otero de Guadalajara, a pocos metros del lugar donde la semana pasada fueron hallados 26 cadáveres abandonados en unas furgonetas. La respuesta me fue familiar, los colombianos sabemos perfectamente de que nos hablan, pero ahora la historia del conflicto se vive y la escucho en México.

Veo al irreverente escritor colombiano Fernando Vallejo, sentado en la mesa inaugural de la Feria del Libro de Guadalajara, al lado de Herta Muller, premio Nobel de Literatura 2009. Vallejo recibe el Premio de Literatura en Lenguas Romances por su obra escrita en México, donde reside hace 28 años.

El escritor Jorge Volpi leyó el acta del jurado y expresa que el autor de El Desbarrancadero y La Virgen de los sicarios: “Es una de las voces más personales, extrovertidas y exuberantes de la literatura actual en español”.

En el salón que no le cabía un alma de invitados del exterior y políticos del país, Vallejo leyó su discurso: “Dinero maldito que nada vale. Cuando tomo dinero me tengo que lavar las manos (…) Cada que cogíamos una moneda mi mamá me decía: “Vaya lávese las manos, mijo, que tocó plata”. De unos niños educados así, ¿que se podía esperar? Puros pobres. Me hubiera educado en la escuela del PRI, yo ya estaría millonario”. Agregó: “la siniestra policía del PRI semillero de los carteles de México”.

Antes de finalizar con su azote, varios políticos abandonaron el acto. Luego y como hizo con el premio Rómulo Gallegos en Caracas, Vallejo también donó los 150,000 dólares del premio obtenido en Guadalajara a la sociedad protectora de animales de Jalisco.

Herta Muller y Mario Vargas Llosa, premios Nobel de Literatura, abrieron el salón literario y confesaron que los libros les ayudaron a encontrar la dignidad. Herta buscaba en los libros las respuestas a la dictadura de Ceaucescu en la que vivía en Rumania. Fue un contacto permanente a partir de los quince años de edad, “porque creía que si leía libros podía entender mejor cómo vivir la vida. No leía yo por razones literarias, sino para entender mejor la vida, porque yo vivía bajo una dictadura. De los libros quería saber como vivir, cómo poder vivir para poder soportar la vida, porque a veces la vida era insoportable para mí”.

Dijo: “Los libros que me mostraban lo insoportable de la vida eran los que con más intensidad leía. Quiero que la literatura me duela y, a la vez, me fascine, mediante ese dolor estético. A veces he dicho que el miedo de vivir y el miedo de morir también es un crítico literario excelente”.

Los libros fueron para Mario Vargas Llosa un refugio. “Se convirtió en un refugio que, además, me mantenía con cierta dignidad ante mi padre, por el gran miedo que me inspiraba; era volver a recobrar mi libertad; una manera de vivir una vida digna, porque cuando salía de la literatura me parecía vivir una vida indigna; la literatura se convirtió en algo más importante que un gran placer, sigue siendo un gran placer. A partir de entonces se convirtió en una manera de defenderme de todo aquello que me lastimaba en la vida”.

Los directivos de la Feria hicieron una búsqueda y empezaron a develar los llamados 25 secretos que no son más que 25 escritores de entre 25 y 50 años de edad que vinieron al certamen literario: 17 hombres y ocho mujeres. Tres mexicanos, tres argentinos, tres chilenos, tres ecuatorianos, tres colombianos, un costarricense, un guatemalteco, una hondureña, un peruano, un uruguayo, un salvadoreño, un venezolano y una boliviana.

La FIL –que este año tiene a Alemania como país invitado– es un gran espectáculo cultural al que asisten 500 autores, dos mil editoriales que traen 395 mil títulos e ingresan 600,000 personas. Una novela: La piel del zorro, de Herta Muller, y un libro de crónicas: Cristo con un fusil al hombro, de Ryszard Kapuscinski.

 

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