© Cierta Madre

Por Gustavo M. Galliano
Cierta madre soñó un mundo diferente,
donde caminaba Princesa, Reina, Diosa,
mas decidió el sarcástico destino,
fuera simple mujer, luego señora.
Que perdiere su calidad de esposa en albores,
no así de madre, aun cuando el desgano triunfare,
cual templo, que sus hijos venerasen,
templo que desdeñó, por más sueños de fémina.
Un retoño se extravió en plena vida,
uniéndose a sectas del innombrable,
y aquella madre le siguió reverenciando,
y aún así, el otro retoño aceptó ser partenaire.
Aquella madre yace hoy en lecho de jazmines,
y pregunta por la póstuma puerta, la puerta,
y le preguntan a qué puerta se refiere,
ella responde: ya no es vida, monjes grises y mocasines.
Aquella madre, mujer de las mejores, es apariencia,
¡cómo no serlo si otorgó el crepúsculo!
pero los fantasmas la absorben y corroen,
aunque le impidan abrazar, brindar cariño.
Cierta madre que de pronto está… y ya no,
juego de escondidas mentales, laberintos,
es la misma, tan distinta y distante,
argumentan la edad, el tornasolado paso del tiempo,
la enfermedad que le camina por las venas, solitaria,
en la pendiente tortuosa del arrullo silencioso,
cuesta creer… quizás soy alma… quizás aquella puerta.-







































































































































































































